¿Quiénes somos?

El que ahora espera el nombre de una cierta organización o un grupo será desilusionado. Como no formamos una organización, no podemos ofrecer ningún tipo de nombre o estructura.

Somos cristianos que seguimos el ejemplo de los primeros cristianos y queremos vivir según la Biblia. No formamos parte de ninguna confesión ni de ninguna otra organización. Estamos juntos porque cada uno de nosotros quiere seguir a Jesús, nuestro Señor y Dios (Juán 20,28), y no por ser obligados a eso por ciertos estatutos de asociación.

Consideramos la Biblia como la única base de la doctrina cristiana. Por eso nos reunimos cada día para reflexionar juntos sobre la Palabra de Dios. Queremos tomar en serio la Biblia — la autoridad para la fe y la vida — considerarla en todo su contexto histórico y literario y aplicar la razón para entenderla más y más. De este modo intentamos evitar tanto cualquier falsa interpretación fundamentalista como liberal de las Escrituras.

Definimos nuestra fe según las Profesiones de Fe de los primeros cristianos, particularmente la apostólica, la de Atanasio y la de Nicea-Constantinopla.

Para nosotros la fe, en vez del mantenimiento de tradiciones convencionales, es una realidad que comprende todo el ámbito de la vida.

Somos un grupo de pocas personas viniendo de diferentes ámbitos religiosos, sociales y profesionales. Simplemente queremos ser cristianos, hermanos y hermanas, que admiramos a Dios como a nuestro Padre y a Jesús como a nuestro Señor.

Rechazamos todo tipo de estructuras jerárquicas, ya que son contradictorias a la Palabra de Dios y al amor fraternal. Estamos convencidos que la unidad intencionada por Dios entre los cristianos no sea el resultado de estructuras humanas organizadas, sino se desarrolle sólo a través de la obediencia hacia las Sagradas Escrituras. Somos uno porque cada uno se nega a sí mismo y quiere obedecer a lo que Dios ha revelado claramente en la Biblia, reconocible a todos.

Por el momento conocemos a otros cristianos en algunos países europeos, pero por supuesto nos alegraríamos de conocer también nuestros hermanos y hermanas en otros países y continentes. Sería un gran pecado contra el amor fraternal si algunos cristianos viviesen uno al lado del otro, sin interesarse mucho el uno por el otro. En la primera epístola de San Juán 3,14–16 el apóstol escribe:

Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su hermano es homicida; y sabéis que ningún homicida tiene vida eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos.

PD: Para evitar toda equivocación: No tenemos nada que ver con la llamada Iglesia Internacional de Cristo que de vez en cuando también afirma ser una comunidad sin nombre. En realidad esa organización aparece bajo el nombre ya mencionado arriba y posee una estructura jerárquica rígida. Según su doctrina la salvación no depende de la sucesión a Cristo, sino del acto mismo del bautismo. Mas este bautismo queda una forma exterior sin contenido, ya que los miembros de esa organización siguen los placeres de este mundo.

Tampoco somos seguidores de cualquier “profeta” o “Mesías” moderno como William M. Branham, Joseph Smith o Sun Myung Moon. Jesús nos ha dado la última y directa revelación, cuyo cierre es él mismo (Juán 15,15 & Hebreos 1,1–3). El mensaje de Jesús está completo y no puede ser perfeccionado por ningún autodeclarado profeta.

Por supuesto tampoco tenemos nada que ver con la Sociedad Watchtower de los Testigos de Jehova y aborrecemos la ideología sexual de la llamada “Familia de Amor”.

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