Dios es amor

… Dios es amor. El que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Juan 4:16b)1

La afirmación de que Dios es amor, expresa el sentido más profundo de quién es Dios y cómo es. El amor no es somlamente una característica de Dios — el es el amor mismo. El amor tiene su origen en su ser.

Porque Dios es amor, creó todo. Nos dio la vida.

Cuando miramos a la naturaleza, vemos una belleza asombrosa, detalles minuciosos y orden. Todo el cosmos está perfectamente integrado. Por encima de todo, la naturaleza del hombre, su libre albedrío, su conciencia, su capacidad de amar, pensar y crear, refleja el ser de Dios.

Dios miró todo lo que había hecho, y consideró que era muy bueno … (Génesis 1:31)

Fuiste tú quien me vistió de carne y piel, quien me tejió con huesos y tendones. Me diste vida, me favoreciste con tu amor, y tus cuidados me han infundido aliento. (Job 10:11–12)

Cómo es el amor de Dios?

El amor de Dios es personal y perfecto

Los pasajes citados arriba muestran que Dios nos da el regalo de la vida y comparte su amor con nosotros. Su actuación es amor. Muestra que el amor de Dios no es simplemente un atributo, una energía impersonal o la fuente de sentimientos intensos (lo que la gente a menudo piensa del amor). El amor, por su propia naturaleza, está profundamente conectado con la decisión y la voluntad de querer siempre lo mejor para alguien. Dios quiere lo mejor para nosotros y creó todo para que nos lleve a él, a su amor.

El amor de Dios debe ser compartido

Porque Dios es amor, se da a sí mismo. Esta entrega nos muestra el sentido de la vida, es decir, conocer el amor de Dios y amarlo. Por eso nos hizo. Quiere que no sólo experimentemos su amor, sino que tengamos una profunda relación con él y con los demás.

Jesús dijo:

El Seńor nuestro Dios es el único Seńor .… Ama al Seńor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus fuerzas”. (Marcos 12:29b-30)

Dios nos permite amar con todo nuestro corazón. Esto es posible cuando conocemos, aceptamos y experimentamos el amor perfecto de Dios. A pesar de nuestros pecados, podemos entender y anhelar el amor de Dios, porque nos hizo buenos.

El amor de Dios es el único amor que puede llenarnos de verdad.

Dios nos creó para ser amados, respetados y apreciados completamente por Él. Muchos buscan este amor en la gente y luego se decepcionan. Aunque fuéramos perfectos, no podríamos satisfacer completamente en los demás el anhelo que todos llevamos dentro. Nuestro limitado amor nunca puede ser suficiente para transmitir a los demás los verdaderos valores y darles una verdadera identidad que sólo Dios puede darnos. Sólo Dios puede satisfacer nuestro anhelo de amor perfecto. Sólo él es la fuente de este amor.

Blaise Pascal (Físico/Filósofo 1623–62) escribió sobre el peligro de buscar el amor perfecto en el hombre: “No soy el fin de ninguno, y no tengo los medios para satisfacerlos. No estoy a punto de morir? Y así el objeto de su apego morirá… ”

La gente busca el amor de muchas maneras. Para la mayoría, la meta más alta en la vida es ser amado, apreciado, aceptado y honrado. Consciente o inconscientemente la gente se define a sí misma a través de esto. El amor de Dios es diferente. Dios no nos pone en el centro, a diferencia de la gente cuando dependen unos de otros. Dios nos enseña que la realización no viene de estar en el centro, sino de darnos a nosotros mismos desinteresadamente. Aprendemos esta actitud de él. No quiere ser alabado por razones egoístas, pero se preocupa por nosotros, porque no podemos vivir una vida con sentido si no tenemos plenitud en Él, en Él, que es el origen del amor.

Cuando alguien trata de encontrar este amor perfecto en los demás, le da a la gente una posición que en realidad sólo tiene Dios. Esto es injusto para la gente e igualmente injusto para Dios. Una persona no puede cumplir estas expectativas, es demasiado limitada y defectuosa. Si se le pone esta expectativa, se le pone una carga que no puede soportar, porque él mismo necesita el amor perfecto de Dios.

Si alguien rechaza a Dios, entonces su identidad y valor en la vida será dependente de lo que hace o de si los demás lo aceptan. Las personas tienen la necesidad de ser amadas, pero a menudo se decepcionan cuando buscan la satisfacción de este deseo en las personas. Esta actitud pone demasiado énfasis en las relaciones y quita la libertad de la otra persona. Este tipo de “amor” es egoísta y no desinteresado.

El amor de Dios es puro y desinteresado

Las relaciones puras y desinteresadas entre las personas sólo son posibles si se construyen sobre el amor puro y desinteresado de Dios.

Nosotros amamos porque él nos amó primero. (1 Juan 4:19)

El amor de Dios nos permite amar sin esperar nada a cambio. El amor es completamente independiente de lo que siento o de lo que es más fácil para mí. Está libre de deseos egoístas y de la búsqueda del reconocimiento de los demás. En tales relaciones no necesito buscar ninguna aceptación o reconocimiento o el cumplimiento de deseos en otras personas, porque Dios me da lo que realmente necesito. Entonces soy libre de compartir alegremente este amor con los demás.

El amor de Dios dice la verdad

El Antiguo Testamento cita una antigua oración en la que encontramos pensamientos que todos hemos experimentado de alguna manera en otros o que hemos notado en nosotros mismos…

… Se complacen en la mentira: bendicen con la boca, pero maldicen con el corazón. (Salmo 62:5b)

El verdadero amor es puro porque se basa en la verdad, aunque decir la verdad no siempre es fácil o acompañado de los buenos sentimientos.

El amor no se deleita en la maldad, sino que se regocija con la verdad. (1 Corintios 13:6)

Un médico a veces prescribe medicamentos que son amargos, pero lo hace porque sabe que ayudará al paciente. No sería amor no dárselo al paciente porque quiere complacerlo o hacerlo sentir bien por un momento. De la misma manera, el verdadero amor le da al otro lo que realmente necesita y no necesariamente con lo que estaría más cómodo.

El amor de Dios en Jesús

Dios se hizo hombre porque nos ama

Aunque la propia creación y la naturaleza del hombre son grandes testimonios del amor de Dios, el mayor testimonio es que Dios nos envió a su Hijo Jesús. Se acercó tanto a nosotros para mostrarnos a través de su vida y muerte cuánto nos ama y quiere redimirnos. Muestra su gran misericordia hacia nosotros en que quiere perdonarnos y liberarnos del pecado.

Así manifestó Dios su amor entre nosotros: en que envió a su Hijo unigénito al mundo para que vivamos por medio de él. (1 Juan 4:9)

Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. (Juan 3:16)

A través de Jesús nos reconciliamos con Dios

Aceptar el amor de Dios también significa aceptar a Jesús y así reconocer lo pecaminosos que hemos sido y lo mucho que necesitamos su perdón.

Dios nos da todo lo que necesitamos y también nos permite amar y hacer el bien. Cuando pecamos, hacemos mal uso de los buenos dones de Dios y los usamos para el mal, sin respetar para qué nos fueron confiados. Un hijo que desperdicia toda su herencia por cosas malas, que su padre cariñoso y cuidadoso le dio, deshonra a su padre y lo rechaza. De la misma manera, deshonramos a Dios y lo rechazamos si no le preguntamos cómo debemos vivir según su voluntad.

Cuando conocemos a Jesús, nos muestra a través de su vida y muerte cuánto rechazamos a Dios por nuestros pecados. Nos guía por el camino de la conversión y nos da el perdón si lo aceptamos. Esta aceptación no sólo se expresa en palabras y convicciones, sino también en toda nuestra actitud, pidiéndole que cambie nuestras vidas.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor por nosotros, nos dio vida con Cristo, aun cuando estábamos muertos en pecados. Por gracia ustedes han sido salvados! (Efesios 2:4–5)

Aceptar a Jesús es aceptar lo que ha ordenado

Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos. (Juan 14:15)

Quién es el que me ama? El que hace suyos mis mandamientos y los obedece. Y al que me ama, mi Padre lo amará, y yo también lo amaré y me manifestaré a él. (Juan 14:21)

Dios nos ama tanto que no sólo envió a su Hijo para redimirnos. A través de Jesús, nos dio mandamientos para seguir y vivir como Jesús vivió.

Jesús nos ha ordenado que amemos a cada persona

La gente a menudo limita su amor a su círculo de amigos o familia — de acuerdo con su propio criterio de quién es digno de ser amado.

Amar a todos significa querer lo mejor para el otro sin favorecer a nadie ni hacer diferencias. Sólo este amor es desinteresado.

Encontramos este mandamiento ya en el Antiguo Testamento. El Levítico dice:

»No perviertas la justicia, ni te muestres parcial en favor del pobre o del rico, sino juzga a todos con justicia. »No andes difundiendo calumnias entre tu pueblo, ni expongas la vida de tu prójimo con falsos testimonios. Yo soy el Seńor. »No alimentes odios secretos contra tu hermano, sino reprende con franqueza a tu prójimo para que no sufras las consecuencias de su pecado. »No seas vengativo con tu prójimo, ni le guardes rencor. Ama a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Seńor. (Levítico 19:15–18)

»Ustedes han oído que se dijo: “AMA A TU PRÓJIMO y odia a tu enemigo”. Pero yo les digo: Amen a sus enemigos y oren por quienes los persiguen, para que sean hijos de su Padre que está en el cielo. Él hace que salga el sol sobre malos y buenos, y que llueva sobre justos e injustos. Si ustedes aman solamente a quienes los aman, qué recompensa recibirán? Acaso no hacen eso hasta los recaudadores de impuestos? Y, si saludan a sus hermanos solamente, qué de más hacen ustedes? Acaso no hacen esto hasta los gentiles? Por tanto, sean perfectos, así como su Padre celestial es perfecto. (Mateo 5:43–48)

El amor de Jesús es decir la verdad a la otra persona

Jesús nos mostró a través de toda su vida hasta la muerte lo que significa amar a cada persona. Sabía lo que la gente más necesita: reconciliarse con Dios. Lo que los obstaculiza y los ciega es su propio pecado. Por lo tanto, su amor incluía rechazar completamente toda hipocresía y llevar a la gente a juzgar sus propias vidas ante Dios. Jesús vivió sin pecado. Por lo tanto, su vida era un espejo para los demás, mostrándoles quiénes eran realmente. Aquellos que lo aceptaron pudieron ser llevados al arrepentimiento y así fueron perdonados. Pero muchos lo rechazaron porque no querían ser confrontados con su rectitud y su amor honesto. Les dijo a todos la verdad de inmediato y les mostró lo que necesitan cambiar en sus vidas. Por lo tanto, muchos lo odiaron y finalmente lo mataron. Hoy en día muchos lo rechazan y la verdad que proclamó también.

Si Dios fuera su Padre —les contestó Jesús—, ustedes me amarían, … Y sin embargo a mí, que les digo la verdad, no me creen. (Juan 8:42a+45)

…y por eso fue rechazado.

Podemos ver a través de la vida de Jesús que el amor verdadero y honesto no es necesariamente atractivo o fascinante (para aquellos que buscan su propio placer) y no está necesariamente asociado con emociones fuertes. Desafortunadamente no a todos les gusta el amor de Dios y tenemos que aceptar que no podemos convencer a todos con su amor.

El amor de Jesús sólo puede desarrollarse plenamente en y a través de la iglesia

Cuando la gente se hace dependiente del amor de Dios, los conecta de una manera muy profunda. Se pertenecen el uno al otro.

Luego echó una mirada a los que estaban sentados alrededor de él y ańadió: Aquí tienen a mi madre y a mis hermanos. Cualquiera que hace la voluntad de Dios es mi hermano, mi hermana y mi madre. (Marcos 3:34–35)

Cuando la gente rechaza el amor, eso los separa de Dios y de los demás. La gente que no acepta el amor de Dios no puede amar de verdad desinteresadamente.

Sólo aquellos que aman la fuente del amor y esperan todo el fortalecimiento de Dios podrán dar el amor de Dios a los demás.

En una iglesia verdaderamente bíblica, todos viven en el amor que Dios da. Cada uno sirve a los demás con toda su vida y acepta el servicio de los demás a sí mismo. Es el amor lo que los une, no una jerarquía u organización hecha por el hombre. A medida que su amor se enfríe, la iglesia dejará de ser una iglesia. Cuando se aman, la iglesia crece y madura.

Y este es mi mandamiento: que se amen los unos a los otros, como yo los he amado. Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando. (Juan 15:12–14)

Aquellos que aman a Jesús compartirán sus vidas. Este es el núcleo de la predicación y la práctica a lo largo del Nuevo Testamento.

Este mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Así como yo los he amado, también ustedes deben amarse los unos a los otros. De este modo todos sabrán que son mis discípulos, si se aman los unos a los otros. (Juan 13:34–35)

Desafortunadamente, hoy en día es difícil encontrar gente que esté preparada para esta vida. El individualismo, el egoísmo y el consumismo están muy extendidos en nuestro mundo religioso. Si la gente no está dispuesta a compartir sus vidas en base a este amor, muestran que no son discípulos de Jesús.

Si alguien afirma: «Yo amo a Dios», pero odia a su hermano, es un mentiroso; pues el que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede amar a Dios, a quien no ha visto. Y él nos ha dado este mandamiento: el que ama a Dios, ame también a su hermano. (1 Juan 4:20–21)

El amor es un mandamiento. Nos anima y nos da la esperanza de que es posible seguir a Jesús y vivir en su amor, también hoy. No habría mandado este amor si no fuera posible vivir de acuerdo con él hoy. Por nuestra propia fuerza no podemos vivir de esta manera, pero con su ayuda podemos encontrar la única meta verdadera en la vida y vivir el verdadero amor, porque sólo él puede cumplirnos. Esto es exactamente para lo que fuimos creados. Sin el amor de Dios nuestra vida está vacía y sin sentido.

Todos los creyentes eran de un solo sentir y pensar. Nadie consideraba suya ninguna de sus posesiones, sino que las compartían. (Hechos 4:32)

Por los Hechos de los Apóstoles conocemos la vida de los primeros cristianos. Se amaban tanto que era natural que compartieran toda su vida entre ellos, incluyendo sus bienes. Aprendieron este amor de Jesús y los apóstoles. Se reunían todos los días en sus casas y luchaban juntos por la vida espiritual de los demás.

Los cristianos deben tener este amor por los demás. Sólo de esta manera pueden ser verdaderamente luz para el mundo y por lo tanto un testimonio de que Jesús los liberó del pecado y trabaja en ellos con su poder. El mundo (incluyendo el mundo religioso y las llamadas iglesias) no conoce este poder y por lo tanto no puede imitar el amor real.

Queridos hijos, no amemos de palabra ni de labios para afuera, sino con hechos y de verdad. 19 En esto sabremos que somos de la verdad, y nos sentiremos seguros delante de él … (1 Juan 3:18–19a)

Estás buscando la verdadera meta en la vida? Pones en práctica el amor de Dios en tu vida?

Nos gustaría compartirlo contigo también! Estaremos encantados de que nos escriba sus preguntas o pensamientos sobre este tema o sobre otros temas que haya leído en este sitio web.

Los pasajes de la Biblia se citan según la Nueva Versión internacional (NVI).

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Notas:
  1. A menos que se indique algo diferente, los pasajes de la Biblia se citan según la Nueva Versión internacional (NVI).